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EL ROSTRO DETRÁS DE LA FIESTA

Me siento alegre de ver que mi trabajo es parte fundamental de la fiesta.

Luis Quimbita.

Luis Quimbita, 62 años, nos llevó hasta la hacienda Barrancas, en las estribaciones parameras del taita Cotopaxi, para indicarnos el lugar exacto donde su memoria y corazonar le indicaron con apenas 10 años que su habilidad para tallar en la madera tantos y cuantos animales empezaría en un día de fiesta cuando su padre lo llevo a conocer la venerada imagen de la virgen Dolorosa, su asombro superó el temor infantil de las camaretas que los devotos y priostes entregaban a la virgen, entonces la plaza era de tierra, oriundo de Langualó Grande, parroquia Mulaló, la cercanía a la centenaria hacienda lo marcó para siempre.

Hacia atrás del predio, entre la quebrada y la planicie acostumbraba recoger leña con su abuelo, ahí su inquietud venció y definió hasta el sol de hoy el arte de la “imaginería” en la fiesta popular; en esos días infantiles recuerda con asombro a los disfrazados junto a yumbadas y priostes celebrar su devoción en la plazuela de la hacienda, así como el juego de toros y otras actividades devotas, mientras recogía leña encontró un trozo de piedra pómez o cascajo, lo llevó a su casa y ahí mismo entre intento e intento ensayó e hizo su primera careta, “era de un perro” el mismo que vio asombrado mientras se estremecía por los estruendos y explosiones de las camaretas en la plaza.

De tanto en tanto lo que recuerda es que se echó a perder y se rompió la careta, y ya por terminar su adolescencia decidió ensayar con madera, las primeras caretas que hizo fue de mono, de león y eran para sus hijos quienes como él de niño asistían a los festejos de la Virgen Dolorosa de Barrancas.

A sus 20 años se dedicó a elaborar a conciencia y con una pasión que profesa hasta hoy, sonríe y le entusiasma cuando le pregunto qué siente cuando mira un trabajo suyo en mitad del color, la euforia y devoción de la fiesta; sabe que la habilidad de sus manos han asombrado y alegrado a muchos, sabe que las caretas que ha hecho han dado vida a: monos, tigres, leones, jaguares, perros, payasos, camisonas, viejos, y tantas deidades y personajes propios del bestiario popular de la fiesta andina ecuatoriana.

Es decir, Luis se ha convertido en el rostro detrás de la fiesta, a pesar de que jamás ha participado activamente de la misma, él es el personaje principal. Le toma aproximadamente más de una semana concluir con la elaboración de una máscara; el requisito principal es buscar la madera más apropiada para el trabajo, después hay que cortar, tallar y empezar a darle forma a la madera.

Los detalles hacen la diferencia, los dientes tienen una particularidad, son de verdad, eran de animales muertos, mientas tanto las orejas y lenguas se obtienen de las suelas de los zapatos y para finalizar, es necesario pintarlas.

Entonces, tigres, leones, perros y monos están ya a la espera de ser parte de la fiesta que se desarrolla en Joseguango Alto, parroquia rural de Mulaló, ubicada al norte de Latacunga, la primera y segunda semana de septiembre y que son destinadas para celebrar a la Santísima Cruz durante seis días.

La Yumbada de Joseguango Alto resulta ser uno de los pocos vestigios pre-inca que aún se guardan en el calendario festivo religioso de la zona.

Es en esta fiesta donde el trabajo arduo de Luis se ve plasmado, todas las máscaras que realizado a lo largo de casi media década cobran vida a través de quienes las utilizan, de quienes por unos momentos sufren una transformación y solo se dedican a bailar, compartir y disfrutar junto a los suyos.

El hacedor de la fiesta nunca fue parte activa de la misma, y a pesar de esto, ahora ya su trabajo ha recorrido no sólo el país, sino el mundo, su arte ya se ha convertido en una tradición familiar.