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Cómo interactuar con personas con discapacidad intelectual

Cuando nos encontramos frente a otra persona, en muchas ocasiones, no sabemos cómo acercarnos, pensamos rápidamente cual será la mejor forma de relacionarnos, qué expresiones serán las más adecuadas, y así un sinfín de inquietudes desfilan en cuestión de segundos por nuestra cabeza. Lo mismo ocurre cuando de pronto nos encontramos con alguien que, a primera vista, por sus gestos, su mirada, sus movimientos con dificultad o poca coordinación, no corresponde al común de los mortales; puede ser que hayamos coincidido con una persona con discapacidad intelectual. Pero ¿Cómo llegar a conectar con ella y no salir huyendo por no saber cómo hacerlo o por temor a su reacción?

Conviene tener claro ¿Qué se entiende por discapacidad intelectual? Estos términos se utilizan cuando una persona no tiene o no alcanza la capacidad de aprender a los niveles esperados lo que repercute en sus procesos de socialización, relacionamiento interpersonal, desenvolvimiento en la vida diaria, educativo y ocupacional, siendo fácilmente influenciable por el medio. En los niños podría hacer que desarrollen sus habilidades para hablar, caminar, vestirse o comer de forma más lenta que en los otros de la misma edad.  La discapacidad intelectual puede ser consecuencia de un problema desde antes del nacimiento, durante el nacimiento o después, ya sea por una lesión o enfermedad en el cerebro, en varios casos no se logra establecer la causa. Algunos síndromes como Down, Rett, entre otros, pueden estar asociados a la discapacidad intelectual. En todas las circunstancias, las posibilidades de acceso a procesos de habilitación y rehabilitación: física, de lenguaje y psicopedagógica son fundamentales.

Ya entendido lo anterior, se pueden considerar algunas pautas que nos ayudarán a relacionarnos de mejor forma con quienes tengan discapacidad intelectual:

  • Si es posible, tratar de generar confianza y actuar con naturalidad.
  • Ser prudentes en nuestras manifestaciones de afecto, respetemos el espacio personal.
  • Respirar y actuar sin temor, hasta donde se nos permita.
  • Que las dificultades observadas en la comunicación o en sus movimientos no sean motivo de burla.
  • Emplear un lenguaje sencillo y preciso.
  • Hablar con pausa.
  • Asegurarnos que haya comprendido nuestro mensaje.
  • Ser pacientes y dar el tiempo necesario para la comprensión del mensaje, sus procesos de reacción o respuesta suelen demorar.
  • Priorizar su atención, en muchas ocasiones pueden desarrollar ansiedad por la espera.
  • Procurar solventar sus necesidades y, si es el caso, hacer que nuestro interlocutor participe en su consecución, que se desenvuelva de manera independiente, respetando su ritmo.
  • Demostrar verdadero interés para interactuar y comunicar.
  • Evitar situaciones que puedan generar discusiones.

Tengamos presente que cada persona tiene sus particulares grados de discapacidad intelectual, sus habilidades de relacionamiento dependen de su condición y de nuestra apertura.

En muchas ocasiones, se suele caer en el error de considerar  a los niños, adolescentes y, en general, a las personas con discapacidad intelectual como seres angelicales  o con cualidades sobrenaturales, entendamos que nuestro trato debe enmarcarse en el respeto, en la valoración y comprensión de su condición,  sin dejar de lado su esencia humana y que, como tal, llevan consigo  una carga de emociones y en determinados momentos tendrán expresiones de ternura y alegría, pero también lo harán con expresiones de tristeza, enojo, frustración, como cualquiera de nosotros.