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Barreras de acceso sinónimo de vulneración de derechos

Las personas tenemos necesidad de acceso a espacios, actividades, recursos o servicios como salud, educación, recreación, turismo, trabajo, transporte, seguridad social, cultura, entre otras. A la par existen barreras u obstáculos de diferente tipo que impiden satisfacer estas necesidades, y esto se agudiza más en las personas con algún tipo de discapacidad.

Analicemos: los diseños de diversos espacios físicos son pensados soló para personas consideradas “normales”, si bien se invierten recursos en la construcción de escaleras cuando las edificaciones son de varios pisos, pero no se han detenido a pensar que estas solo satisfacen la necesidad de acceso de un grupo, no han considerado el uso de ascensores o rampas técnicamente planificadas.

En cuanto a educación, los planes o mallas educativas son desarrolladas de acuerdo con sistemas formales que en muchos casos no tienen la flexibilidad para adaptarse a las necesidades educativas particulares de sus estudiantes.

Si topamos el tema de la comunicación, nuestros entornos están preparados para satisfacer requerimientos a través del habla, más no se entiende a la comunicación como un derecho y para ello se debe poner en práctica diferentes alternativas comunicativas ya sea con el sistema Braille, lengua de señas, recursos tecnológicos y más.

Y así, al analizar lo relativo a salud, trabajo, y más áreas, lamentablemente constatamos que una de las principales barreras es la pobreza o la escasa capacidad económica que impide a las personas acceder  de forma oportuna a medicina, terapias, profesionales especializados, recursos tecnológicos, lo que profundiza la brecha de la desigualdad y por ende accesibilidad.

Todos tenemos derecho a una vida digna, y esto está consagrado en la Declaración Universal de los Derechos Humanos, en la Convención Internacional sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad, en la Ley Orgánica de Discapacidades; lo que preocupa es que se cuenta con toda esta normativa, pero no existen cambios suficientes en la práctica que permita el ejercicio pleno de la accesibilidad, es decir el ejercicio de derechos.

Como sociedad todavía no erradicamos la intolerancia, no se acepta la diversidad en todas sus manifestaciones. Es necesario entender que somos seres que dependemos unos de otros en diversos escenarios de nuestras vidas, que necesitamos redes de apoyo para facilitar el acceso a todos esos derechos que día a día siguen vulnerándose.